Sobre el Profeta Ezequiel




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Puerto Rico.

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domingo, 1 de mayo de 2011










Cuando la persona que está afuera no importa…



Clara estaba sentada en la puerta de la casa. Era ya de noche, y la familia esperaba la visita de algunos amigos. Cuando llegó Nicolás, uno de los amigos invitados, se encontró con Clara. Ella lo miraba fijo a los ojos, mientras que él, también la miraba fijo a los ojos como si quisiera saber algo más de ella.

Ella no había sido invitada al agasajo.  Por eso estaba sentada en el zaguán, fuera de la casa, como si su función fuese sólo ser guardián del lugar.  Con ella nadie hablaba al entrar, sólo la miraban y le pasaban por el lado sin intercambio de ninguna cortesía. Ella sólo estaba allí, pero no participaba de ninguno de los temas de conversación de los presentes. Sin embargo, mejor era así, la vanidad de los puntos en discusión sólo ocupaban el tiempo y acompañaban las copas  y el coctel.

Nicolás no entendía. A pesar de que era uno de los invitados especiales, y que participaba de las copas y el coctel, permanecía callado observando la concurrencia. Aunque en varias ocasiones intentó entrar en la conversación, no lo lograba. Claro, era de afuera. No era conocido por la concurrencia. Era distinto al grupo. Como confiar en él. No le conocen, por tanto, no hay razones para hablar con él.

Pero Nicolás sigue siendo él, y Clara sigue siendo ella. Él, sentado solo entre los presentes sin poder intercambiar alguna palabra con nadie. Ella, sentada en el zaguán sola.

“¡Buenas noches tengan todos!” Dijo Nicolás. Se retiraba intentando despedirse de los presente. No pasó nada extraordinario. Salió fuera y estando en el zaguán, frente a la puerta y a la presencia de Clara, silbó. “Linda, toma el último bocadillo.” Dijo a la perra azabache sentada en la puerta. Ella, agitando su cola lo recibió.


!Señor, tú sí nos conoces y nos recibes. Nuestro corazón canta las grandezas de tu presencia en medio de nuestras vidas!



SALMO RESPONSORIAL
Salmo 143

R. Guíame, Señor, por el camino recto.

Señor, tú me sondeas y me conoces:
me conoces cuando me siento y me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descaso. R.

Todas mis sendas te son familiares;
no ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda. R.

me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa;
Es sublime, y no lo abarco. R.

¿A dónde iré lejos de tu aliento,
A dónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me  acuesto en el abismo, allí te encuentro. R.

Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha. R.






domingo, 24 de abril de 2011

EL SEÑOR HA RESUCITADO
¡ALELUYA! ¡ALELUYA!


Secuencia de Pascua
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Victima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua. »

Primicia de los muertos,
Sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.


AMÉN






viernes, 22 de abril de 2011

Ir como amigo a tu lado el día de tu pasión…

No es tu cruz la que llevas al hombro
acuñando el papel redentor.
Esa cruz que lacera tu espalda,
es mi cruz trasformada en tu amor.

Cuando digo, Jesús que te sigo
no es tan sólo por ver tu pasión,
es por ir como amigo a tu lado,
proclamando tu amor con mi amor.

El calvario es camino de muerte
cuando está desprovisto de amor,
pero Tú, recorriendo el camino,
lo convenientes en senda de amor.

Quiero ser cirineo en la ruta
salpicada de oprobio y dolor.
Quiero ser el amigo de siempre
atenuado el dolor con mi amor.

Si mi cruz no te sirve de nada
serviré para ser servidor.
Dame el turno y seré tu relevo,
llevaremos la cruz de los dos.

P. Javier Gutiérrez


Hice esta foto en el lugar de la crucifixion de Jesús y Santo Sepulcro en Jesrusalén
(2006) 






martes, 19 de abril de 2011

Las peregrinaciones durante la Semana Santa


La experiencia Cristiana desde sus inicios, aún cuando la comunidad apostólica todavía recibía las enseñanzas del Señor, es un constante caminar y un ir hacia fuera a encontrarnos con el Resucitado y a anuncia la buena noticia.

Una peregrinación es el viaje o un camino emprendido hacia un santuario o lugar sagrado con importantes connotaciones religiosas. Es también, un viaje efectuado por un creyente o grupo de creyentes hacia un lugar de devoción o un lugar considerado como sagrado según la religión de cada uno.

El término peregrinación proviene del latín peregrinatio y significa viaje al extranjero o estancia en el extranjero. Según los orígenes etimológicos, el peregrino es el expatriado o exiliado. Sea como fuere, es un extranjero desconocido en el país y privado de la asistencia de una colectividad. El desplazamiento, generalmente andando, de los hombres y mujeres hacia los lugares en los que entran en contacto con lo sagrado es una práctica común de todas las religiones y culturas. La peregrinación es un fenómeno casi universal de la antropología religiosa. El peregrino encuentra lo sobrenatural en un lugar preciso, en el que se participa de una realidad diferente a la realidad profana.

El pueblo de Israel caminó para salir de la esclavitud de Egipto. Caminó por el desierto siguiendo la voluntad de Dios hasta llegar a la tierra prometida. Por el camino Dios se fue mostrando y revelando a sus escogidos hasta que se constituyó una nación consagrada a Él.

Jesús también salió a caminar. Caminando anunció la buena noticia y realizó signos para que todos creyeran en él. Caminado cargó la cruz hasta el lugar de la redención.

El peregrino busca la fuente para saciarse: “como busca la cierva corrientes de agua viva, así te anhela mi alma Dios mío” (Salmo 62). Al regreso, el peregrino no se queda para sí con lo recibido, sino que lo comunica a otros.













Los Retiros Espirituales


Los Retiros espirituales, en sus distintas modalidades, han sido utilizados durante siglos por los cristianos para mejorar y crecer en ésta dimensión.
El ritmo de los acontecimientos de todos los días nos introduce fácilmente en un espiral de ruido y ajetreo, que hace difícil detenerse para reflexionar sobre nuestra fe y nos preguntamos: ¿cuál es el vacío que llevo? ¿qué o quién puede dar sentido a mi vida? Es como descubrir un vacío que la abundancia de cosas y la sociedad de consumo que vivimos, no logra calmar.
El corazón del ser humano es un espíritu que nunca acaba de sentirse plenamente satisfecho, ¿qué necesita? Un experto de la antigüedad cuyo desarrollo filosófico y teológico es muy actual, realizó una aventura del corazón para buscarle el sentido a la existencia humana en la clave de la experiencia cristiana. San Agustín, expresó con sencillez la experiencia de su búsqueda: “nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti”
Los días de retiro son días de paz y serenidad. La soledad y la tranquilidad libremente buscada, la meditación en torno a la figura y palabras de Jesús, su presencia eucarística en el sagrario hacen posible el diálogo y el encuentro personal de cada una y de cada uno con ese Dios que nos ama tanto.
Tres cosas fundamentales en las que merece la pena invertir una pequeña parte del tiempo de nuestra vida con la ilusión de mejorar y crecer humana y espiritualmente, como hicieron los cristianos de los primeros siglos son: conocer y amar a Jesús, conocernos a nosotros, hacernos capaces de amar de verdad a los demás.







domingo, 17 de abril de 2011

Dos formas distintas de entrar en la ciudad de Jerusalén


Con el Domingo de Ramos damos inicio a las celebraciones anuales de los misterios de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Culminamos el camino que comenzamos a recorrer al inicio de la cuaresma con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras obras de caridad. El fin último de este caminar cuaresmal es celebrar llenos de la gracia de Dios y con el corazón inundados de gozo la Pascua del Señor.

La procesión de ramos que se realiza durante este día es memoria de la entrada que realizó Jesús a la ciudad Santa de Jerusalén al inicio de la celebración de la pascua judía.

Jerusalén está ubicada en la cima del Monte Sión. Es el lugar elegido para construir la ciudad que es signo de la nación santa que Dios ha elegido para él. Al contemplar esta ciudad amurallada, cómo canta el Salmo 121, contemplamos los palacios del Rey David como una prefiguración de la majestad del Reino de Dios instaurado por Jesucristo.

Al leer el texto bíblico según san Mateo que nos sugiere la liturgia para hoy, podemos ver cómo Jesús entra a la ciudad entre aclamaciones de júbilo y gozo, como un rey que entra en su ciudad para tomar su trono. Sin embargo, ésta no es la entrada triunfal de un rey a la que están acostumbrados los judíos. Ellos están acostumbrados al tipo de entrada triunfal al estilo de Poncio Pilatos.

Poncio Pilatos era el procurador de la Provincia de Judea en tiempo de Jesús. Él, vivía en Cesarea la Marítima y todos los años, para la celebración de la pascua judía, se trasladaba con su escolta militar a Jerusalén para aplacar las fuerzas revolucionarias en el caso de que se formara una revuelta judía en contra de las fuerzas imperiales. Su llegada estaba encabezada por el vibrar de tambores y el sonar de las trompetas que anuncian la llegada de alguien importante. Su formación estaba flanqueada por los estandartes de los signos de Roma. Su escota estaba compuesta por su mejores militares que portaban capas, lanzas y espadas para demostrar su invencible fuerza bélica. Su cabalgadura digna de un gobernante que vela por los mejores intereses de un rey. Además, le acompañaba sus bienes,  servidumbre, esclavos.

No obstante, la entrada de Jesús en Jerusalén no se realiza como la de ese tipo de rey. Sin escolta, ni ejércitos, ni lanzas, ni espadas, ni esclavos. En eta ocasión el Rey entra de la forma más humilde, con cantos de alabanzas realizados por los más jóvenes, mujeres y hombres comunes que llevan ramas en sus manos que agitándolas gritan: “¡Hosanna, Hosanna!”. Jesús entra montado en un burro. Su único lujo son los mantos que colocan el suelo al pasar. Viene a cumplir son su misión: implantar el reino y a salvar a toda una muchedumbre.

Podemos compara para nuestra reflexión la entrada triunfal de un gobernante de un reino material y temporal; y la entrada de un Señor de un reino que no es de este mundo. Entonces podemos comprender el canto de la carta de San Pablo a los Filipenses 2, 6-16:

“Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”





sábado, 16 de abril de 2011

Se caen las flores rosadas de los robles...


En plena primavera, florecen anualmente los robles de nuestra Isla. Algunos más robustos, otros menos, matizan el paisaje con el rosado color de sus flores.  Viéndolos en los jardines y en el campo naturalmente germinados, me sorprende la belleza de las copas ovaladas sobrepuestas, unas a otras, cuando son varios. Y, cuando es sólo uno el que preside el jardín, la plaza o el parque, corona la perfección con la misma forma, más definida y con mayor encanto.

En el suelo, veo como a manera de alfombra de medio oriente, las otras flores que han sido extirpadas de los tallos de la copa. Las extirpó el viento, el peso o quizás el tiempo. Seguro que ellas no quisieron nunca caer al suelo. ¿A quién le gusta caer al suelo? Que yo conozca; a nadie, pero yacen en el suelo. Ellas, ya no embellecen el jardín desde la copa del árbol, ahora lo embellecen desde el suelo, porque siguen siendo flores, aunque extirpadas de sus tallos.

Germinamos en el mejor y más perfecto lugar. Florecemos en el lugar correcto por el esfuerzo y el trabajo realizado. Embellecemos nuestra propia existencia y la de muchos que nos rodean o la de quienes tenemos a diario contacto. La verdad de las flores rosadas del robusto o joven roble se expone anualmente a la mirada de todos. Esa misma verdad se expone a las inclemencias del clima. Y en muchas ocasiones no tan solo son atentadas por las tormentas, sino que también, son asesinadas por la mano segadora del tiempo.

Pero el viento, que sopla para donde quiere, en algunas ocasiones te hace caer al suelo. El problema no es caer al suelo sea árido, o sea fértil. La dificultad es levantarse del suelo para ir al lugar oportuno que corresponde después de haber sido extirpado del tallo de la copa de roble. Ya no engalanas la copa del árbol, pero embelleces el suelo. Todavía eres la rosada flor del robusto o joven roble. En el suelo, pero flor.