“EL
QUE NO RENUNCIA
A TODOS SUS BIENES
NO PUEDE SER DISCÍPULO MÍO.”
Domingo
23 del Tiempo Ordinario
Hemos conocido el mensaje de Jesús,
deseamos continuar su propuesta de amor generoso, pero se nos hace muy difícil realizar
una opción radical como él propone. Esto lo percibimos en la dejadez de las
mismas personas cuando intentan vivir un cristianismo light. Además, muchos
hemos vivido la experiencia de estar aferrado a la familia o los bienes
materiales, cosas por las que quizás no hemos podido dar pasos importantes en
la vida. Parece que esto también les sucedía a las personas a quienes Jesús les
predicaba. De aquí el contenido del fragmento del texto del evangelio según san
Lucas.
Hay que tener mucho cuidado con la forma
en que se interpretan las palabras de Jesús en este texto del evangelio. La radicalidad
del mensaje de Jesús no estriba en el abandono de la familia, amigos y demás
personas que nos rodean; cosa que podría ser incongruente con su propio mensaje
de amor generoso. El mensaje de Jesús gira en torno a las prioridades que
debemos establecer en la vida, sobre todo cuando se trata de colocar Dios sobre
todas las cosas materiales y sociales. Si las relaciones interpersonales a
nivel familiar y social no le permiten a la persona vivir la plenitud del
mensaje de amor generoso que Jesús nos enseña, entonces hay que trabajar con
esta situación, porque el amor generoso que está llamado a vivir el cristiano existe
para desbordarlo con la familia, amigos y demás personas que nos rodean; no
para ellos lo cautericen.
La cruz es el grado de dificultad y el
signo que no recuerda el trabajo, el dolor y la realidad humana que impera en
nuestra existencia humana. No todo es color rosado. La renuncia de todos los bienes
significa que lo que la persona posee en bienes materiales, no la retiene, ni
la restringe. La renuncia de todos los bienes significa que lo que la persona
posee en bienes materiales no es egoísta, sino que los brinda para el servicio
de los demás generosamente.
Evangelio
Lectura
del santo evangelio según san Lucas (14, 25-33):
En
aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si
alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a
sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede
ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo
mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta
primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si
echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que
miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de
acabar." ¿O que rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta
primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca
con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para
pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus
bienes no puede ser discípulo mío.»

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