Sobre el Profeta Ezequiel




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Puerto Rico.

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domingo, 1 de septiembre de 2013


UN SÁBADO TAMBIÉN
Domingo 22 del Tiempo Ordinario

Un sábado, como el de ayer, en el que me disponía en horas de la tarde a ver las noticias a través de un canal de televisión europeo, presencié las imágenes de cientos de hombres, mujeres y niños heridos, quemados y muertos a causa de un ataque bélico a civiles con el uso aparente de químicos en un país de medio oriente. Horribles las imágenes del video tomadas desde el lugar de los hechos en medio del bombardeo y ráfagas de tiros.

Estupefacto y ruborizado con las imágenes, que al verlas no podía creerlas. ¿Qué puede justificar tanta violencia? ¿Qué puede justificar tantas víctimas inocentes? ¿Por qué un deseo pertinaz de constante guerra?

Al observar las imágenes que mostraban a los niños heridos y a los miles de ellos huérfanos y refugiados me preguntaba: ¿cómo recuperarse de tanto dolor, traumas, pérdidas, necesidades y sufrimientos? Cargando todo esta desgracia en mi mente, poco después de ver el reportaje noticioso, me trasladé a la tranquilidad de mi habitación y sentado en la comodidad de mi escritorio, que de hecho no es un escritorio, ni tampoco es muy cómodo; me traté de concentrar para leer el evangelio que corresponde para este domingo.

¿Qué les puedo decir?

¿Cómo iluminar la realidad de ésta guerra en medio oriente con el evangelio que se leerá en todas las liturgias de este domingo en todas partes de mundo?

Se me ocurre pensar que muchas personas maltratan, pisotean y se marginan la vida de los vulnerables e inocentes; al intentar ocupar los puestos privilegiados o al competir por obtener los estamentos de poder. A ellos no les importa el daño producido, puesto que solo piensan en sí mismos y en llevar a término sus agendas políticas, económicas o religiosas.  Ante esto, con frecuencia somos muchas veces indiferentes y hasta aplaudimos la sociedad que idolatra los primeros puestos y los estamentos de poder. No es hasta que nos toca muy de cerca el dolor que provoca el pisotón de aquel que se cree más fuerte.

Jesús nos enseña que el banquete debe servirse para los “pobres, lisiados, cojos y ciegos”. Hoy, tenemos como un deber invitar a los hombres, mujeres y niños víctimas de la guerra. Si acaso alguien piensa que no es real atender directamente las necesidades de los hombres, mujeres y niños víctimas de la guerra en oriente medio, pues que lo haga con las víctimas de la guerra que se batalla todos los días en las calles de nuestro pueblo.

 
Evangelio

 Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,1.7-14):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: "Cédele el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Palabra del Señor
 
 
 
 
 
 

lunes, 26 de agosto de 2013

MUJERES VALIENTES ENTRE NOSOTROS

Una nota para agradecer al culminar su misión en la comunidad parroquial de la Inmaculada Concepción en Juncos, Puerto Rico:


En el año 2000 – 2002 tuve la oportunidad de formar parte de esta comunidad parroquial y en noviembre del 2009 regresé de nuevo.  Como Misionera de los Sagrados Corazones (M.SS.CC.) he recibido el gran regalo de compartir mi vida de fe con diversas personas, en diferentes lugares y siento que ha sido para mí una gran riqueza.  Los seres humanos tenemos la tentación de acomodarnos  en un lugar determinado y hacer de él nuestro nido.

En esta experiencia de no estar segura ni acomodada en ningún lugar, he aprendido muchas cosas. He descubierto que es más importante aprovechar los momentos que vivo y aprender de las personas todo lo que puedo.  Uno de los pensamientos de Sor María Rafaela, Fundadora de nuestra Congregación lee: “El pasado ya pasó, el futuro no sabemos cuál será, vivamos bien el presente”. Es lo que he estado intentando aprender y tratar de hacer vida.

Ahora, agosto 2013, me ha tocado de nuevo preparar el equipaje y en esta ocasión es para regresar a República Dominicana. Me voy con un gran agradecimiento en mi corazón. Un Obispo (Pastor) consagrado a sus ovejas, unos Sacerdotes: excelentes seres humanos y entregados al pueblo que les ha sido encomendado por Dios, unos equipos de trabajo de los cuales forman parte los Diáconos, dados a su servicio; una comunidad de fe que acoge y recibe con cariño a quienes se acercan. Y en medio de este cúmulo de riquezas está nuestra comunidad de Misioneras de los Sagrados Corazones. ¿Qué más se puede pedir?

Podría decir muchísimas cosas, pero las palabras no son suficientes, así que: sencillamente, GRACIAS por la fe compartida, por todo lo vivido, lo aprendido y las bendiciones que he recibido de ustedes.  Los llevaré siempre en mi corazón y en mi pobre oración.
 
 
Sor Altagracia Galán, M.SS.CC.
 
 
Agradezco que Sor Altagracia me haya permitido compartir su testimonio de vida consagrada a través de este espacio cibernético. Ella ha sido en nuestra comunidad un signo de humildad y servicio. Mujer sabia, honesta, íntegra, entregada y disponible para ayudar al que necesita siguiendo con fidelidad y generocidad las palabras de Jesús, llevando el amor que emana de los corazones de Jesús y María.
 
Dios le bendiga en su nueva misión y a través de usted, bendiga a los hermanos y hermanas de la vecina República Dominica.
 
Hasta pronto.
 
 
 
 
 
 

domingo, 25 de agosto de 2013

No por mucho madrugar… amanece más temprano;
Pero al que madruga… Dios le ayuda.
Domingo 21 del Tiempo Ordinario

 
Todos los días el sol se levanta para clarear el nuevo día y brilla para todos. Algunas personas salen a la calle al despuntar el alba y abandonando sus hogares se disponen a trabajar para poder sentarse a la mesa y disfrutar del banquete. No obstante, otros deciden no salir de sus hogares, refugios, cuevas o guaridas. Para quienes trabajan brilla el sol y para quienes permanecen inertes no brilla el sol.
El mensaje que nos presenta Jesús con su enseñanza en el evangelio del día de hoy está muy claro. No se trata de realizar nada extraordinario ni difícil de comprender. Tampoco excede las capacidades y potencialidades de la propia naturaleza humana. Hacer lo que hay que hacer y si es posible esforzarse para sobrepasar la meta.
No olvidemos que toda la humanidad está invitada y que no tenemos exclusividad ni posibilidad de espacios reservados. El puesto en la mesa del reino de Dios siempre estará disponible para los que, sin hacer alarde del don que han recibido, lo han puesto con toda humildad, al servicio de los demás. Esto cualifica a los que van a entrar a participar del gran banquete. Allí se le sirve a todos (los de sur, este, norte y oeste) una vastedad de amor y eternidad.
 

Evangelio
Del evangelio según san Lucas (13,22-30):
En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, lsaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»
 
 
 
 
 
 
 
 

sábado, 17 de agosto de 2013


¡Eah… RAYOS!
Domingo 20 del Tiempo Ordinario

 

«He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» (Lucas 12, 49-53)

 

Si hubiese leído este pasaje en otro contexto y no supiera que el mismo es tomado del evangelio según san Lucas, jamás hubiera pensado que se trata de las palabras de Jesús. Se habla mucho en diferentes foros sobre lo pertinente, controversial y radical del mensaje de Cristo, sin embargo, estamos acostumbrados a escuchar palabras bonitas que expresan amor, que transmiten paz y esperanza. Ciertamente, Jesús habla del amor al prójimo; y siembra la paz y la esperanza a quienes con sus palabras y acciones impactó y continúa impactando hoy día.

Son muchas las situaciones difíciles que vivimos día a día con nuestras familias y seguramente dichas situaciones se reflejan en todas nuestras comunidades. La crisis económica, el trabajo y la realidad que se vive en la calle, intentan ahogarnos en un gran mar de conflictos que muchas veces no tienen una solución capaz de levantar al ser humano de la miseria. Ante esta situación, muchas personas con una idea mágica y otras con una genuina intención, acuden al mensaje de la buena noticia del evangelio en búsqueda de luz para esclarecer las dificultades y trabajar fuertemente para continuar hacia adelante en la vida alcanzando bondades y las gracias necesarias para sí y su familia. No obstante, cuando nos encontramos con palabras o expresiones como las que encontramos en el trozo del evangelio que la liturgia nos presenta hoy, es posible que nos quedemos estupefactos, ante tales términos.

Al intentar analizar este pedazo del mensaje de Jesús, podemos pensar en un cinismo, ironía o sarcasmo. Pese, a lo sorprendentes o pesadas que pueden parecer estas palabras, no se trata de un mensaje contradictorio al mensaje de amor, paz o esperanza del cual están cargados lo demás discursos de Jesús, sino de las consecuencias que tiene precisamente, asumir de forma radical la propuesta del mensaje de amor, paz o esperanza que transmite Jesús. Es que tomar decisiones en pos del seguimiento de Cristo y de su evangelio, si bien pueden parecer algo bueno, para muchos, familiares y amigos inclusive, es una decisión irracional, insensata o absurda. Pregúntame y con gusto te responderé lo que piensan algunos parientes y amigos míos. De aquí que Jesús diga: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.”

A esto hay que decir que si bien una decisión puede resultar conflictiva con el entorno, no es una decisión contra nadie, sino a favor de todos, incluyendo a quienes difieren de nosotros por diversas razones o criterios. Pues, quien sigue a Jesús debe estar dispuesto a dar la vida por sus amigos y también por sus enemigos. Optar por seguir a Jesús es beneficioso no sólo para el que realiza la opción, sino también para los que se oponen a ella.

Por tanto, la decisión radical y difícil a favor de Jesús y de palabra, es, al mismo tiempo, una decisión a favor de la autenticidad de la propia vida y de los valores que dignifican y salvan la vida humana. Es una decisión que redunda en amor, verdad y bien y como consecuencia; en paz, esperanza y justicia para los que están a favor y para los que por variados motivos, se oponen a nuestra elección.



Aprovecho para saludar afectuosamente a mis amigos y amigas, con quienes hace mucho tiempo no puedo compartir las alegrías y las tristezas como lo hacíamos en los años universitarios y de la pastoral juvenil, aquella, la que proclamaba la palabra de una nueva generación. Tiempos radicales. «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!
 
 
 
 
 

domingo, 11 de agosto de 2013


Dime cuál es tu riqueza
y te diré dónde está tu corazón...
Domingo 19 del Tiempo Ordinario



Es normal que en situaciones de debilidad, escases y pobreza; las personas aspiren a mejorar su propio estatus y el de su familia. Eso no es malo, al contrario, hay cosas que son necesarias para la subsistencia y el desarrollo de los miembros de la familia y de las comunidades. Sin embargo, no todos los afanes de las personas pueden estar dirigidos a la obtención de bienes materiales, aun cuando estén destinados a la sobrevivencia, como lo es el alimento. Es por esto, que en muchas ocasiones el ser humano se encuentra vacío aún en medio de todo. De ahí las palabras de estímulo que Jesús pronuncia en el evangelio de hoy (Lc 12, 32-48) con las que continúa su enseñanza sobre la verdadera riqueza.

En este contexto, Jesús no está atento a cuánto tenemos, ni cuan extensa es la riqueza de una persona. Tampoco, presta atención a nuestra pobreza, ni a lo poco que tenemos para vivir cada quincena. Jesús, en realidad hace énfasis en una sola interrogante: ¿dónde está nuestro corazón?

Una persona puede ser pobre económicamente, pero vivir solamente para sus escasos bienes materiales, ser egoísta, interesado, tacaño. En este caso, su  corazón está en la riqueza, la poca que tiene y la mucha que quisiera tener. A esta persona le sucede igual que a la que posee una gran riqueza y solamente vive para mantenerla o acrecentarla, sin importar las consecuencias en el seno de su hogar, ni las consecuencias con respecto a los demás en la comunidad que le rodea. No obstante, hay personas que gozan de una buena posición, pero son generosas, desprendidas, abiertas a las necesidades de los demás, y dispuestas a dejarlo todo, si así se lo pide Jesús.

Jesús, nos está invitando a verificar dónde está nuestro corazón, a examinar cuáles son los tesoros por los que estamos dispuesto a dejarlo todo y dejarlo todo significa que Jesús y la construcción de su Reino (lugar donde está la verdadera riqueza) es primero.

Los siervos y los administradores que Jesús nos menciona en el evangelio, son los que están al servicio de los bienes del Reino de Dios. Estos bienes que se nos ha confiado, no se pueden convertir para nosotros en una especie de riqueza ni propiedad privada y exclusiva. No somos dueños del reino, ni de los bienes que nos ha confiado Jesús, sino sólo sus administradores, es decir, sus servidores, quienes hemos de llevar a todos. De esta manera queda respondida la pregunta que Pedro hace a Jesús: “¿has dicho esta parábola por nosotros o por todos?” La enorme riqueza de la fe en Jesucristo recibida por los discípulos les ha sido dada en depósito, para que la administren fielmente en favor de todos. Si la consideramos algo exclusivo, de la que podemos disponer a voluntad sólo en beneficio propio, nos convertimos en un círculo cerrado, que se olvida que debe dar cuenta a su Señor de los bienes recibidos. Si no hacemos fluir el mensaje evangélico hacia fuera de nosotros a través de nuestras vidas, palabras y acciones; se estanca como el agua en una charca, donde al cabo de un tiempo se pudre.

Si realizas desinteresada y generosamente lo que te corresponde como padre o madre de familia, entonces eres un administrador fiel y atento. Si realizas desinteresada y generosamente lo que te corresponde como empleado público, maestro, legislador, contador, vendedor, inspector, etc.; entonces eres un administrador fiel y atento. De esta forma el amo te ha colocado al frente de la servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.

 

Lucas (12,32-48):

Dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 27 de junio de 2013

Padre Juan Vicente Rafael Rivera Viera (1884-1953)


CONMEMORACIÓN DEL SESENTA ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO

JUAN VICENTE RAFAEL RIVERA VIERA (1884-1953)

 
 
Padre Rivera
                                                                                                    
 
Este próximo viernes 28 de junio de 2013 se cumplen 60 años del fallecimiento de Juan Vicente Rafael Rivera Viera. Sacerdote puertorriqueño, mejor conocido como Padre Rivera, nació en Yauco el 27 de enero de 1884 y falleció en Humacao el 28 de junio de 1953.
 
Padre Rivera, llegó a Humacao hacia el 1922. Impactó profundamente la región oriental de la Isla durante la primera mitad del siglo XX, especialmente la ciudad de Humacao, en la que vivió por un periodo de 31 años, entregándose enteramente a la tarea pastoral. Fue un sacerdote ejemplar que vivió intensamente la caridad pastoral dedicando toda su vida al servicio de todos los hombres y mujeres de buena voluntad perteneciente a todos los sectores sociales.
 
Fue un gran intelectual, poeta, escritor, orador y distinguido predicador. Publicó varios libros, entre los que se distinguen Carmina Sacra (Barcelona: 1924) y Carmina Amaritudinis (1925). En él, influyeron literatos modernistas, tales como Rubén Darío y José de Diego. En la dimensión espiritual del devoto sacerdote, influenciaron los clásicos de espiritualidad cristiana de Santa Teresa de Ávila y de San Juan de la Cruz, ambos del siglo de oro español. Publicó también, en varios periódicos y revistas regionales, tales como La tempestad y EL registro colonial. Además, dirigió desde 1923 la publicación del Almanaque de Humacao, en el que insignes intelectuales de la región oriental escribieron importantes artículos que aportaron significativamente al desarrollo socio-cultural de la zona este. Entre sus amigos y allegados se encuentran personalidades como Águedo Mojíca, José Ferrer Canales, Juan Peña Reyes, Marina Molina, Rafael “El Indio” Fábery, Cruz Ortiz Stella y Antonio Agripino Roig entre otros. (Santiago Maunez Vizcarrondo. Obra literaria del Padre Rivera. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1988.) (“El Oriental”. Versión digital del 27 de enero de 2010 recuperado en: http://issuu.com/regionaldigital.com/docs/1616)

Antes de su muerte, ya muchos elogiaban la persona del Padre Rivera. Su amigo José Ferrer Canales escribió en el Almanaque de Humacao correspondiente al año 1948: “Lo primero que impresiona en el reverendo Padre Juan Rivera Viera es la vastedad de su cultura, su saber enciclopédico, su visión ecuménica. El daría su imagen para salvar al hombre de la crisis de hoy, al hombre en progresivo proceso de desintegración. Más de una vez se ha proclamado la necesidad de retornar al ideal renacentista de hombre íntegro y universal, con interés científico, con preocupación cívica profunda, capaz de emocionarse frente a una flor, un paisaje, una estatua armoniosa, una sonata o una sinfonía, el tipo humano que encarna perfectamente el Padre Rivera. […] Decía el profesor Federico de Onís que solo es digno de llamarse maestro quien haya sido capaz de darnos una lección de amor. Si el Padre Rivera nos ha dado tantas lecciones de claro amor, si es ingeniero de caminos de otros, si es educador en la iglesia y fuera de la tribuna y la sacristía, si ha servido a los padres y a los hijos de Humacao por veinticinco años, es él un verdadero maestro, un escultor de conciencias y de almas” (José Ferrer Canales. Visión Ecuménica y sentido de Patria en Juan Rivera Viera. En: “El Piloto”, 11 de julio de 1953, pág. 2).
 
En un editorial que publicó el periódico El Imparcial, con motivo del nombramiento del Padre Rivera como capellán penitenciario, se escribió: “¿Para qué decir, si todo el mundo tiene el deber de saberlo, que el Padre Rivera es uno de nuestro hombres más eminentes? El gran literato, poeta y políglota es una de las legítimas glorias puertorriqueñas del presente. Puerto Rico estará siempre orgulloso de haber tenido un hijo tan ilustre y tan modesto y sencillo…” (“El Imparcial”, 22 de octubre de 1950).
 
El 30 de junio de 1953, se celebró la misa exequial en el templo parroquial Dulce Nombre de Jesús en Humacao. Su entierro se verificó en el cementerio público. Allí, más que todas las palabras que se pudieran decir, su entierro le manifestó al pueblo puertorriqueño lo que el Padre Rivera significó en la ciudad de Humacao. Allí estuvieron sus amigos y feligreses del pueblo y de los barrios. También, asistió el Obispo de San Juan y representante del Obispo de Ponce, sacerdotes diocesanos y religiosos, el Gobernador de Puerto Rico y varios funcionarios gubernamentales vinieron a darle el último adiós al eminente puertorriqueño (“EL Piloto”, 11 de julio de 1953, pág. 1). Sus restos actualmente desde 1989, reposan en un nicho en la Concatedral Dulce Nombre De Jesús, según fuese su deseo.
 
Las jóvenes generaciones deben conocer la persona y el legado del Padre Rivera, sobre todo la juventud de la zona oriental de la Isla, en especial los de Humacao. Deben conocer porqué un complejo de vivienda pública, escuelas y calles llevan su nombre hoy día en la Ciudad de Humacao. El Padre Rivera, además de un gran intelectual y padre espiritual, fue un hombre de pueblo que promovió las sanas relaciones en los diferentes ambientes: religiosos, académicos, culturales, políticos, sociales y deportivos. Dejó un gran legado en letras publicadas y en el Almanaque de Humacao, fuente documental que debe ser estudiada para conocer la historia de la ciudad que recibe al sol diariamente para iluminar toda la Isla. Mantengamos viva la memoria de personas que contribuyeron a la historia de Puerto Rico y a la formación espiritual y cultural de nuestro pueblo. No podemos olvidar al Padre Rivera.
 


CODICILO
Por el Padre Juan Rivera Viera
 
Cuando yo muera, hermana, no me hagas
velorio en el hogar:
he oído y presenciado en tales sitios
tantas cosas indignas de contar…
Tú, llévame a la iglesia
y en un rincón humilde
bien cerca del altar
mayor,
ponme a descansar…
y por la mañanita,
cuando el alba comience a puntear,
una misa rezada
mándame a celebrar;
y enseguida, antes que amanezca
llévame a la necrópolis, sin más
alboroto y boato que tres o cuatro amigos
(si los hay)
los necesarios
el féretro a cargar,
y entiérrame en la tierra
(mejor fuera del mar; )
y sobre mí, envuelto en mi bandera,
la cruz como un ángel guardian…
Reza mucho por mí, hermana mía,
con palabras y obras,
¡que pronto, pronto nos volvamos a encontrar!


 

(Fragmento del original. “Almanaque de Humacao” (1944). En: “El Piloto”, 11 de julio de 1953, pág. 4)
 
 
 
 
 
 

sábado, 22 de junio de 2013

¿Quiénes son los cristianos?
 
12mo Domingo del Tiempo Ordinario
23 de junio de 2013
 
¿Quiénes son los cristianos?  ¿Quién se atreve a realizarle esta pregunta a un pobre, huérfano, exiliado, hambriento y moribundo? ¿Quién se atreve a realizarle esta pregunta a un matrimonio que no puede tener hijos, que han perdido el trabajo o se están pasando por el proceso de divorcio? ¿Quién se atreve a realzarle esta pregunta a un paciente mental, renal,  cáncer o en cualquier condición terminal?
Si me hacen la pregunta, respondería que los cristianos son los que han reconocido que Jesús es el Mesías, que han acogido su mensaje liberador de amor y que han tomado su cruz (realidad humana que exige mucho para que el ser humano sea levantado) cada día y lo siguen.
Quizás, para usted y para mí, sea bien fácil responder a la pregunta que Jesús hace a sus discípulos. Pero no sabemos lo que el otro (próximo) puede responder a partir de la realidad que vive. Quizás, para usted y para mí, sea bien fácil responder a las preguntas que les hago al inicio de esta reflexión. Pero no sabemos lo que el otro (próximo) puede responder a partir de la realidad que vive.
Si aquellos, pobres, enfermos, huérfanos, desempleados, divorciados, etc.; pueden responder a la pregunta de Jesús, entonces han vivido y comprendido el mensaje de amor de Jesús. No hay dudas. Pero si al contrario, no pueden responder a la pregunta sobre quiénes son los cristianos, entonces no nos conocen. Significa que no estamos viviendo y haciendo lo que es propio de un cristiano.
¿Cómo te sentirías si alguien pregunta sobre los cristianos y ningún pobre, enfermo, huérfano, desempleado, divorciado, etc. puede responder?
 
 
Evangelio de Jesús según san Lucas 9, 18-24:
 
Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.
 
            Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos contestaron: "Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Pedro tomó la palabra y dijo: "El Mesías de Dios." Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día." Y, dirigiéndose a todos, dijo: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará."